Los diarios por mes:

miércoles, 22 de junio de 2016

Comunicación

El que diga que la capacidad de comunicar no es importante, no ha de pedir instrucciones en la calle muy a menudo. Mi amigo tapachulteco me contó que allá es usual que, al  preguntar dónde se encuentra alguna cosa, te respondan con un “Mira, te sigues todo derecho, y cuando ya hayas llegado, así bien derecho, a la derecha”. Otra que me dio risa es una amiga que es Italiana, que dice que en ciertos pueblos te indican con un “Sí mira, camina hacia donde aquella vieja iglesia solveinte años.  hacia donde aquella vieja iglesia solque dice que en ciertos pueblos te indican con un "uy amenudo. ía estar hace veinte años.” Con lo que ella respondía: “No soy de aquí”, sólo para que el hombre respondiera con lo mismo, pero más alto como si ella le hubiera dicho “No lo oí bien”.
La comunicación es tan importante y tan poco atendida que hasta pena debería darnos. No podría calcular el número de veces que he preguntado algo y que mi interlocutor habla y habla y habla pero no acierta a responder mi pregunta. Demasiadas palabras y pocas respuestas concisas. Esto puede darse porque tenemos la idea errónea de que a más palabras, mejor comunicación. Casi no somos cautelosos cuando hablamos. Por ejemplo, a mí se me hace tan desagradable el exceso de información como la falta de la misma. Hay personas a las que les haces una simple pregunta que, además de no responderla, te marean con sus explicaciones:
-Disculpa ¿Qué hora es?
-Ay no sé, fíjate que no tengo reloj, iba a tener uno pero mi esposo no me lo quiso comprar. Dice que gasto mucho pero no creo que tenga razón, o sea sólo gasto en cosas necesarias. Así me lo enseñó mi mamá y uno tiene que hacerle caso a su mamá porque si no, todo se va al diablo. Ya ve cuánto niño malcriado que hay por aquí, yo creo que es porque no les pegan lo suficiente, cuando yo era pequeña…

Está también el caso contrario. A mí me ocurre que algunas personas se ofenden si les respondo de una manera parca, pero es que trato de contestar a lo que se me pregunta y ahí dejarla porque me da miedo caer en el lado de “demasiada información”. Además tengo la idea de que el exceso de información suena defensivo. Como cuando te preguntan “¿A qué hora te fuiste ayer?”  yo probablemente respondería: “Como a las 10”, pero muchos de mis amigos continuarían su respuesta: “Pues como a las 10 porque me dio dolor de cabeza, ya estaba muy desvelado y por eso me fui tan temprano”.  Como si la pregunta fuera un “Te fuiste temprano, qué aburrido eres” y él se estuviera justificando para que la persona que formuló la pregunta se arrepintiera y pensara: “Qué equivocado estaba, este hombre es un campeón.”
Ahora, creo que dar información sólo cuando se te pregunta tampoco es bueno, eso es lo que yo hago pero por puritita fobia de dar un discurso de a gratis. Aunque, pensándolo bien, nadie me pide que haga esta columna…

“Pero volviendo a la poesía”: Cuando mis papás me preguntan cómo me fue en determinado lugar y respondo “bien”, veo que me hacen unas caras bien feas como diciendo “Ah chamaco sangrón… éste sí nos salió malito” como si esperaran que continuara y les relatara mi día o algo así. Yo argumento que bien podrían decirme “Elabora” o algo parecido.  Pero bueno, el caso es que la mayoría de nosotros caemos en alguna de estas categorías todo el tiempo, y de eso no hay escape.