El
que diga que la capacidad de comunicar no es importante, no ha de pedir
instrucciones en la calle muy a menudo. Mi amigo tapachulteco me contó que allá
es usual que, al preguntar dónde se
encuentra alguna cosa, te respondan con un “Mira, te sigues todo derecho, y
cuando ya hayas llegado, así bien derecho, a la derecha”. Otra que me dio risa
es una amiga que es Italiana, que dice que en ciertos pueblos te indican con un
“Sí mira, camina hacia donde aquella vieja iglesia solía estar hace veinte años.” Con lo que ella
respondía: “No soy de aquí”, sólo para que el hombre respondiera con lo mismo,
pero más alto como si ella le hubiera dicho “No lo oí bien”.
La
comunicación es tan importante y tan poco atendida que hasta pena debería
darnos. No podría calcular el número de veces que he preguntado algo y que mi
interlocutor habla y habla y habla pero no acierta a responder mi pregunta. Demasiadas
palabras y pocas respuestas concisas. Esto puede darse porque tenemos la idea
errónea de que a más palabras, mejor comunicación. Casi no somos cautelosos
cuando hablamos. Por ejemplo, a mí se me hace tan desagradable el exceso de
información como la falta de la misma. Hay personas a las que les haces una
simple pregunta que, además de no responderla, te marean con sus explicaciones:
-Disculpa
¿Qué hora es?
-Ay
no sé, fíjate que no tengo reloj, iba a tener uno pero mi esposo no me lo quiso
comprar. Dice que gasto mucho pero no creo que tenga razón, o sea sólo gasto en
cosas necesarias. Así me lo enseñó mi mamá y uno tiene que hacerle caso a su
mamá porque si no, todo se va al diablo. Ya ve cuánto niño malcriado que hay
por aquí, yo creo que es porque no les pegan lo suficiente, cuando yo era
pequeña…
Está
también el caso contrario. A mí me ocurre que algunas personas se ofenden si
les respondo de una manera parca, pero es que trato de contestar a lo que se me
pregunta y ahí dejarla porque me da miedo caer en el lado de “demasiada
información”. Además tengo la idea de que el exceso de información suena
defensivo. Como cuando te preguntan “¿A qué hora te fuiste ayer?” yo probablemente respondería: “Como a las 10”,
pero muchos de mis amigos continuarían su respuesta: “Pues como a las 10 porque
me dio dolor de cabeza, ya estaba muy desvelado y por eso me fui tan temprano”.
Como si la pregunta fuera un “Te fuiste
temprano, qué aburrido eres” y él se estuviera justificando para que la persona
que formuló la pregunta se arrepintiera y pensara: “Qué equivocado estaba, este
hombre es un campeón.”
Ahora,
creo que dar información sólo cuando se te pregunta tampoco es bueno, eso es lo
que yo hago pero por puritita fobia de dar un discurso de a gratis. Aunque,
pensándolo bien, nadie me pide que haga esta columna…
“Pero
volviendo a la poesía”: Cuando mis papás me preguntan cómo me fue en
determinado lugar y respondo “bien”, veo que me hacen unas caras bien feas como
diciendo “Ah chamaco sangrón… éste sí nos salió malito” como si esperaran que
continuara y les relatara mi día o algo así. Yo argumento que bien podrían
decirme “Elabora” o algo parecido. Pero
bueno, el caso es que la mayoría de nosotros caemos en alguna de estas categorías
todo el tiempo, y de eso no hay escape.