Los diarios por mes:

martes, 22 de marzo de 2016

Intención-es



Lo hemos escuchado muchas veces: “La intención es lo que cuenta”. Estoy de acuerdo con que sirve como una especie de consuelo para cuando lo intentaste y fracasaste, está bien decírselo a los niños cuando perdieron en un partido de fut o cuando no pudieron ganar en el Mario Kart. Pero considero que, así como usar un chupón o pañal, debería de tener edades o dolencias específicas. Por supuesto que la intención cuenta, es el inicio, o digamos la motivación, pero es sólo punto de partida y definitivamente no es LO que cuenta. Lo relevante es el resultado y punto. Imagínese que el Barcelona acabara de perder cuatro a cero en una final de algún torneo, y que en una entrevista posterior Messi declarara: “Es que mi intención era meter muchos goles y jugar mejor de lo que jugué”. No me imagino dicha declaración cambiando el resultado ni mucho menos.
Si la intención fuera lo que cuenta, los marcadores no servirían de mucho ¿o sí? Ya me imagino qué cómodo hubiera sido en la universidad llegar con el maestro: “Fíjese que quería hacer la tarea, de veras quería, pero hubo situaciones (etílicas) que me lo impidieron” o “Discúlpeme pero mi intención era sacar diez en ese examen, al cual falté”.  Eso de que la intención es lo que cuenta nos da un argumento del que podemos echar mano cuando, en vez de buscar al éxito, esperamos a la mediocridad. Cuando uno es perezoso sabe que su mejor amigo va a ser un buen banco de excusas. Sólidas excusas, dichos y chistes para justificar la falta de esfuerzo. Entre más drama se le ponga a la excusa mejor, entre más chistoso sea mi argumento para ser un haragán, la gente se enojará menos conmigo.  Hay una fórmula que usualmente funciona, ¿Quiere saber qué tan flojo es alguien? Mire cuánto tiempo requiere para fraguar una excusa.  
Un buen excusero sabe que hay algunas son incomprobables como cuando el tránsito es el culpable de todos los retrasos, los celulares están en silencio a cada rato. Otras no pasan de moda y nos hacen parecer incluso nobles y responsables, tuviste que cuidar a un familiar enfermo y por eso no tienes justificante. Ayudaste a un anciano a cruzar la calle… y así van escalando y de repente se les mueren cinco abuelas seguidas.  La misma semana.

Además, así como el aumento en el crimen hace que las bardas se vuelvan más altas, la sobrepoblación de excuseros hace que las excusas se vuelvan más difíciles de creer y que hacerse de una reputación de persona formal se vuelva casi inasequible. Pero bueno, qué se le va a hacer. Mark Twain decía (parafraseándolo) que quien no mentía no tenía qué recordar lo que decía. Yo pensaba cerrar esta entrada con una frase así de ingeniosa pero la verdad es que se me acabó el tiempo porque había mucho tránsito... y se murió mi gato… Cuatro veces.