Los diarios por mes:

martes, 8 de marzo de 2016

Mal humor

Hay gente malhumorada en todo el mundo. Eso nunca va cambiar y no se puede hacer nada al respecto. Es que hay situaciones en las cuales es muy difícil mantener, ya no digas el buen humor, sino la calma. Como cuando estás con las manos al volante y el pie siempre en el freno porque hay como dos millones de carros en frente del tuyo impidiéndote llegar a tu destino. De esas veces que el tránsito es tan pesado que ya no recuerdas ni lo que es pisar el acelerador. El tacómetro de tu auto podría descomponerse y ni te darías cuenta.


Hay veces que llegas a tu casa y el abrir el refrigerador te recuerda que aún tienes que hacer despensa. Que nadie te la regala y además de tener que hacer una lista de última hora, tienes que ir a comprar con todas las personas que, como tú, lo olvidaron. Que deberían ser pocas pero llenan todas las cajas del Guólmart, o lo que te quede cerca ¿Suena familiar?
En esas desafortunadas ocasiones uno debe intentar contenerse y no gritar de desesperación, pues lejos de ayudar corres el riesgo de des balancear a otra persona que también esté al borde de la histeria. Los bancos son un buen lugar para encontrar gente malhumorada. Se juntan un montón de cosas que al público en general no les agradan: Te obligan a hacer cuentas para quitarte tu dinero y encima te hacen esperar.


Una vez estaba en la fila del banco. Tomé mi papelito en las máquinas que dicho establecimiento seguro le robó a alguna salchichonería, y me acuerdo bien que tenía el número 407. Me acuerdo bien porque estaba de pie esperando, cuando un señor me preguntó: "¿Qué número tienes?" Así, sin un "buenas tardes", "disculpe" o algún otro paliativo de conversación. Ya le dije: "407, señor". Entonces vi que este hombre se había enojado. Mucho. Me empezó a decir:


- Te quieres pasar de listo, por qué estás parado, yo tengo el 380!


- Señor, estoy parado porque ya no hay asientos disponibles no porque me quiera robar su lugar.


El caballero siguió increpándome como si me hubiera capturado y ahora quisiera reprenderme, como si no me fueran a pedir mi número en la caja. Estuve a punto de perder la paciencia y de sarcastiquearlo a tal grado que ninguno de los dos supiera de qué hablaba. Afortunadamente una señora muy amable lo miró y dijo: "Señor yo también estoy parada, pero no porque nos queramos pasar de listos, es que en serio ya no hay sillas". El señor la miró y notó la lógica del asunto. Suspiró y se sentó de mala gana. Creo que hizo esto sólo para perder el tiempo y porque adivinó que yo no iba a decirle nada. Pero sigo preguntándome qué es lo que pasó por su cabeza cuando decidió enfrentarme. En el caso que yo hubiera respondido con igual agresión ¿Qué sigue? ¿Nos agarramos a golpes en medio del banco para después irnos detenidos? pero eso sí, con todo el orgullo de decir "Yo no me rajé, yo sí soy macho".


Pero sí, para ser una persona controlada no basta con enfrentar el propio mal humor. También ayuda mucho que haya una señora amable cerca. Créanme.