Los diarios por mes:

martes, 19 de abril de 2016

Del Karma y otros intentos

Cada vez se me hace más difícil creer en esos sistemas de la burocracia etérea, como el karma, o “el que la hace la paga” y tantos otros. Más me parece que estos acuerdos, nos los imaginamos para ver si convencemos a las personas de ser “buenas” aunque sea por conveniencia, por esperar una recompensa. Porque desarrollar una conciencia en cada niño del mundo es mucho más difícil que sacar dichos o criaturas de ese estilo, seres encargados de cuidar la moral como Santaclós, que no te va a traer juguetes si fuiste mal niño… o pobre.
En fin, el sistema nos muestra sus fallas cuando tenemos tantos ejemplos de la gente haciendo lo correcto y sufriendo, y también de gente rompiendo la ley pasándola tan bien.  Tenemos muchos políticos que ejemplificarían el hecho de que puedes ser una persona moralmente podrida y aun así tener una cuenta de banco mayor que la de todos los padres amorosos y temerosos de la ley que tratan de alimentar a la familia con un salario mínimo.
Espero que esto no se malentienda, no digo que todo ya no importa porque el karma no existe o porque dios tenga cosas más importantes que hacer que recompensarnos por ayudar a una viejita a cruzar la calle. Lo que digo es que, si le decimos a todos que las buenas acciones traen recompensas, les vamos a dar expectativas falsas y, por nuestro modo humano de pensar en causa y efecto, van a terminar sumamente decepcionados e incluso nada más molestando gente por despecho “ya hice mi buena acción, ya la pagué ahora puedo hacer lo que me plazca”. Habría que pensar en otro sistema un poquito más sólido para que las personas desarrollaran la responsabilidad de ser el ciudadano que creen que la ciudad debería tener.
Si los imperios más poderosos del mundo han caído por estarse desmoronando desde adentro, tiene sentido el pensar que un país se puede fortalecer si se reconstruye desde adentro, desde la unidad mínima de su medida: un ser humano. Enseñarnos a pensar que hay que tomar la ruta de la no violencia, de la honradez si se quiere, por nosotros mismos, no porque vaya a haber un castigo o mucho menos una recompensa. Simplemente por convicción propia. Del no hacerle al otro lo que no me gustaría que el otro me hiciera a mí.
Me gusta la idea de un karma, a quién no. Pero siempre he pensado que no es un sistema que funcione de forma inmediata, como una máquina expendedora.  Más bien me lo imagino como una compañía grande a la que le mandaste un currículum alguna vez, que si tienes mucha, pero mucha suerte, algún día te van a responder “No  hay vacantes, inténtelo de nuevo”.